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Sueño 45.

Sueña con un puente. Escenario y eslabón. Techo improvisado, para dormir al abrigo de los recuerdos. Sueña con la arbitrariedad de los rayos y la impulsividad de las manos. Sueña con los saltos. El vuelo. Tus pies traspasando la muerte. Un bestiario nuevo en cada cuadro. La incertidumbre y los fantasmas. ¿Ahora dónde vas a caer? Sueña con la última casilla. El infinito en la punta de la lengua, la voluntad de ser libre y el penúltimo abrazo. Sueña en la espera con el retorno.

Los últimos días

Mi papá decía en el 2005 "aprovechen que estos son los últimos días buenos". Lo peor es que ya sentíamos que el país era algo que se ponía cada vez más extraño. Sin embargo, en ese entonces ser alarmista y pesimista no era bien visto. Teníamos mucho petróleo y Chávez todavía era cómico para una gran parte del mundo. La oposición podía jugar a esperar "las próximas elecciones", que no eran cada seis años, sino cada seis meses. O así se sentía. Cada vez que al caudillo le provocaba. Y empezaba esa rutina macabra de ver la ciudad cubierta de papeles, los medios de propaganda, las cadenas eternas, las amenazas y luego un domingo en el que uno caía agotado de madrugada esperando un milagro de Dios, porque ya habíamos aprendido que -salvo en una ocasión- de los venezolanos era poco lo que podíamos esperar. El mundo se acababa el lunes siguiente, y luego el martes seguíamos adelante, porque "no hay depresión en política".  Hoy en día no sabemos si son los úl...

Soy esa mamá

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Anoche no pude dormir. En parte por la tormenta y el miedo heredado de mi hijo a los truenos. Me quedé en la cama pensando en la alergia que tengo y en el montón de cosas que tengo que hacer y las ganas que tengo que quedarme arropada con un libro, apagar el celular, comer chocolate y dejar que pase el día sin tener que pararme de la cama para gran cosa. La realidad es muy distinta. No sólo está el trabajo y esa sensación que tengo cuando dejo pasar un día, de que he perdido el tiempo necesario para alcanzar mis metas. Cuando son ya las cinco de la mañana y lucho contra mi propia recomendación de intentar no levantarme tan temprano, me levanto y me digo que tal vez valga la pena hacer el esfuerzo de dejar pasar unos días y repensar las estrategias de todo. Este verano fue quizás el mejor de nuestras vidas como familia. A diferencia de otros veranos no me impuse una rutina de trabajo tan estricta. Quizás para muchas personas yo no trabajo, - me lo han dicho- porque no tengo...

Una oportunidad de comenzar de nuevo

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Una nave. Una hora y un lugar que se han mantenido en secreto. Te ha llegado un mensaje misteriosos. Te has tomado un café con alguien que te miraba a los ojos y te has preguntado si esto lo habría escrito Ray Bradbury o Asimov, tal vez no eres tan real como piensas y por eso pides otro café. Te ríes pero sólo tienes 48 horas para pensarlo. Los puestos son limitados. Sólo puedes traer a tus hijos si los tienes. En cuanto a los animales falta una confirmación, pero no te equivoques, esto no es el Arca de Noé. Sonríes y echas una broma que esa amiga te diría que es de mal gusto, ella no tiene sentido del humor con esas cosas porque es muy religiosa. Es precisamente por eso que te han escogido. No se trata de ser ateo o no, eso no te lo están preguntando, ni cuestionando. Eso es cosa tuya. El tema es que aquí Dios será de cada quien y no para estarlo debatiendo, ni mucho menos imponiendo, ¿entiendes? Sí. En un principio habrá algunas cosas prohibidas, ¿qué le vamos a hacer?  ...

El lado derecho del cuadro

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H. Bosch. The garden of earthly delights. Sueño con volverla a ver. Una de las cosas que más me pega de estar aquí es lo alejados que estamos de la cultura clásica. ¿Cuándo fue la última vez que una exposición de gran  magnitud se montó en el país? Y no es por desmerecer el esfuerzo que hacen nuestros artistas, pero en general, el ojo, la mente, la sensibilidad deben entrenarse. El ser humano debe estar expuesto a todo a todos estos trabajos, reflexionar sobre ellos e intentar ver la evolución del arte.  Estando afuera veía a los muchachitos en los museos, haciendo dibujos frente a grandes obras. Sentí eso que llaman "envidia de la buena". Es decir esas ganas. Esa imaginación desbordada, niñitas morenitas, con sus uniformes de chemise blanca y pantalón azul, la negrita con unas transitas y el profesor pidiéndoles que hicieran su versión de Reverón. Algo se hace sí. Pero yo me lo imagino a gran escala. Yo me imagino que en la autopista en vez de afiches para ver otra...

País dañado

Me siento en un restaurante. Frente a una pizza comienzo a imaginar el momento en que voy a estar dentro del avión, cierran la puerta y ya no hay alternativa, me tengo que bajar en Caracas. Empiezo a llorar. De la mesa de al lado una señora me miran. Seguro pensarán que mi pena es amorosa. Porque en el primer mundo nadie imagina que alguien sienta un pánico así por su país. Es pánico. Desconfianza. Hasta vergüenza. De la circunstancia y de mí misma. Vivimos comparando nuestros problemas con los de los demás y es tan fuerte lo que padece tanta gente, que uno a veces se limita a decir, “podría ser peor”. Entonces la vida pasa a ser lo que te toca y lo que tienes, y no lo que aspiras. ¿Qué pasa con lo que aspiraba? ¿Qué pasa con la vida que quería tener? ¿Qué pasa con todos los sueños y las metas? En un país donde un señor diabético no consigue sus agujas para inyectarse insulina, ¿cómo alguien puede sentarse a pensar con la empresa que quiere montar, la idea genial de un invento...
Lean los muros y los artículos. Qué nos pasó? Qué somos? Estoy harta del falso pacifismo. De los golpes de pecho de la gente que se declara buena. Las manos arriba, porque esto que nos pasó es culpa de otro. Y cada cosa que pasa, cada horror va en la cabeza de otro. Y mientras todo se va a la mierda, nos invitan a llorar algo que nunca tuvimos. Algo que nunca fuimos. Y más que a reaccionar nos invitan a adjudicarle la culpa a alguien. Chávez consumió todo. Enseñó la envidia y el resentimiento, la desconfianza. Quedan pocos capaces de hablar o redactar algo con mediana objetividad. Ya no compro más la paja del llanto por la paz de quien habla de renconciliación pero insulta a otros con ironía por pensar distinto. Aquí no hay un cambio porque la gente no quiere cambiar. Es mucho más cómodo mandar a los demás a que cambien y a final ds cuentas lavarse las manos con un simple "es que yo no soy político". Siento que ya no quepo aquí. La desilusión es demasiado grande.