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Carta de residencia en el mercado

El documento que antes era necesario para cualquier trámite burocrático de orden específico resulta que ahora es necesario para ir al mercado. Sí. La Alcaldía de Chacao está poniendo en marcha un proyecto piloto, que ya no sé si es piloto o aprobado, junto al Automercado Luz para organizar las colas que se hacen en sus establecimientos. Se harán dos colas, una para vecinos del municipio,   otra para los extranjeros. Todavía no estoy segura si la condición de extranjero se extiende a los habitantes de Baruta, si empieza en El Hatillo o en Guarenas. Pero se entiende. No es que haya algo en contra de quienes habitan más allá de la zona del automercado, de hecho, hay mucha empatía con la madre de familia que está zanqueando por la ciudad en busca de algún producto regulado. Es que en más de una ocasión se han armado trifulcas y peleas. De modo que la alcaldía, el supermercado, los vecinos, todos están nerviosos porque sabemos en qué puede terminar una pelea en un supermercado. Nadie...

El Papel que Juegan el Pensamiento Crítico y los Valores

Si algo debemos aprender de todo esto, si hay una lección que debe quedarnos como la primera, es que en Venezuela lo primero que falló fue la educación. No. No se trata nada más de los típicos índices de alfabetización, ni de cuántos adolescentes terminan bachillerato, ni de cuántos pasaron luego a carreras técnicas. Todo eso es importante, pero falta un componente que no se toma casi en cuenta, incluso cuando uno habla con gente que se graduó de la universidad, y que incluso dice entender que la educación es clave para el progreso de un país. Una cosa es instrucción. Una cosa es tener un título en la mano. Otra muy distinta es saber qué hacer con eso, y entender cómo se llegó hasta allí.   No es nada más que de vez en cuando uno se topa con un bachiller que no tiene una noción clara sobre los padres de su Patria, ni por qué la fundaron, ni qué significa una constitución. El número de bachilleres que han leído la constitución debe ser alarmantemente bajo, así como el que no sa...

Por qué esta vez es distinto

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Por primera vez desde diciembre de 1998, pasa una elección presidencial y yo no siento que el mundo se acabado. Después de cada victoria chavista no podía escuchar mucho tiempo el discurso del balcón del pueblo. Por más que a veces la victoria aplacara un poco los ánimos combatientes del líder y este tomara un discurso más conciliador. No me sentía incluida. No me sentía en casa. Me acostaba pensando si realmente este era mí país, o si la cigüeña había tenido un simple error de mapas el día que yo nací. Sentía que esto no era mío, que el discurso no era para mí, que el presidente no me tomaba en cuenta, ni le importaba, un ciudadano no ciudadano.   Lo más fuerte de estos catorce años ha sido el tener que acostumbrarnos a vivir desde el miedo. Hemos adoptado el miedo como el sentimiento que rige todas nuestras acciones. Poco a poco hemos comenzando a temer por todo, hasta por cosas tan básicas como si podremos ir al mercado y conseguir lo necesario para manejarnos el día...

Hay un Camino: El 7O empezamos a caminar

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"Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya." Séneca El cierre de campaña de Henrique Capriles me hizo recordar lo mucho que amo a Venezuela. Me hizo sentirme orgullosa de mi país. Ocurrió lo que sólo  me había ocurrido con otra líder de la política en estos últimos años. Me identifiqué. Pensé, eso es lo que quiero decir. Eso mismo. Eso que tú dices, es lo que yo siento. Me transmitió amor, orgullo.  Creo que no me alcanzan los dedos de las manos para contar las veces que he deseado irme de Venezuela. Creo que en cada una de las elecciones desde el 98 para acá, sin contar las primarias, he pensado, si esto no sale bien, yo hago planes para irme. Muchas veces me he sentido maltratada, aislada, casi una extranjera en mi propio país. Hay muchas cosas de Venezuela y del venezolano que no me gustan. Hay cosas que me preocupan demasiado. No me gusta la falta de respeto, ni las descalificaciones. Me molesta cuando me dicen majunche o escuálida, tanto...