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Mostrando las entradas etiquetadas como Paren el Mundo que me Quiero Bajar

Los grandes olvidados de Dios

Esta mañana, como tantas otras, me llegó un tweet que me llenó bañada en lágrimas. Una chica me cuenta cómo su tía está en una etapa del cáncer de mama en la que casi nada se puede hacer por ella. Claro, que si algo aprendí mientras trabajé en el M.D. Anderson es que nadie te puede decir que no hay remedio, ni cuánto tiempo te queda. Aún así toda regla tiene una excepción. Esa excepción hoy en día se llama Venezuela.  Lo que no ha pasado, me temo, nunca lo vamos a llegar a entender. Yo no soy historiadora, pero cómo me hubiera gustado serlo. A mis casi cuarenta años me doy cuenta de que me equivoqué garrafalmente de profesión, o que al menos he debido culminar mis estudios de historia del arte porque un bachelor´s no es suficiente para llamarme historiadora. El caso es que desde hace más de un año me he dedicado a estudiar la historia de la Unión Soviética, de la Europa de la Guerra y la Posguerra y de los procesos totalitarios que protagonizaron los horrores más grandes del s...

Dede lejos

En el último año y medio he llorado más veces en mi carro que en todo el resto de mi vida. Algunas veces ha sido por una mala pasada del Spotify. Porque suena una canción que me recuerda una calle, un momento de Caracas y no puedo evitar sentir que algo en mí se quiebra. Algo que no sé si voy a recuperar. Otras veces ha sido porque uno está tan solo. Tan solo. No es una soledad de falta de compañía. Es una soledad distinta. Esto de ser extranjero. De caminar distinto, hablar distinto, de depender de una explicación para todo. Sí, es un descubrimiento, una aventura y una oportunidad, pero es también una orfandad. No hay un día de la vida que no piense en mi casa. En la de mi mamá. Hay días que sólo añoro el olor de Caracas por la mañana, o antes de la lluvia. Hay días que sólo quisiera que fueran las cuatro de la mañana en La Castellana, porque a esa hora que los pájaros empiezan a hacer ruido. Extraño mis amigos. Mi familia. Extraño tanto que ya me he vuelto una profesional del ar...

Experiencias de una que odia el ejercicio

Para la rehabilitación de mi tobillo me mandaron a montar bicicleta o hacer elíptica. Soy una floja incurable. El ejercicio es mi karma. A mí todo tipo de esfuerzo físico me da una flojera tan grande que no tengo cómo ponerlo en palabras. Sólo me decido a ir hacer ejercicio cuando estoy en la playa, padeciendo las lonjas de la barriga, viendo a la mamá fitness al lado mío que hace tres horas diarias de gimnasio y mientras me aplico protector en mi estrujado cuerpo me prometo: cuando regrese a la casa me voy a poner a hacer ejercicio, ahora sí. Lo juro que sí. También me lo prometo en distintos probadores cuando la talla que creo que soy en mi cabeza no se ajusta a la realidad de mi culo del tamaño de Estados Unidos. Voy a correr. Voy a hacer yoga todos los días. Voy a ser esa chama que anda en lycras a las tres de la tarde y que hable el mundo lo que quiera. Mentiras.   A lo largo de los años he intentado de todo. He dejado inscripciones en gimnasios, piscinas (nadar es lo que...

Los destructores de oficio

En la última semana he tenido conversaciones y he leído comentarios francamente deprimentes de varias personas hacia dirigentes políticos en Venezuela. Es la típica conversación en la que tu interlocutor destruye a todos los dirigentes por brutos, por corruptos, por ineptos. A los que más o menos califica por tener algo de cerebro los estima inviables quizás precisamente por eso, luego hace una comparación histórica para intentar rebatir tus argumentos (como si tú fueras acabaras de salir de tu lobotomía, entonces para que aprendas y te nutras, ¿no?) y finalmente te dice que bueno que hasta los historiadores en Venezuela son una basura, porque ya en ese país no se hace nada, nada sirve, nadie entiende. En fin, que los venezolanos de hoy en todo somos todos una vergüenza, una porquería, no servimos. En primer lugar yo me harté de las generalizaciones en contra de los venezolanos. Después de partir de allí, s i hay algo que me enfurece casi a la par de Maduro es justamente esta pos...

Día 3 - De una nueva forma de compañía

Es el tercer día desde que me caí por las escaleras, me operaron y me pusieron un yeso. La vida de repente es un golpe. Si uno está acostumbrado a tener las cosas bajo control de pronto sentir que estás sujeto al dolor, dependiente de otros y que no te puedes valer por ti mismo es como una cadena. Me da rabia, porque justo ahora comenzaba a poner en orden muchas cosas. Una operación, una lesión, un frenazo de este tipo, una receta de reposo y de medicinas que dan sueño y causan fatiga sin duda que lo obligan a uno a cambiar el ritmo. Hay quien dice que los accidentes son avisos del destino, que cuanto estas cosas pasan es porque hay una señal por ahí que te está avisando que debes bajar la marcha y mirar a tu alrededor. La calma nunca ha sido uno de mis fuertes. Cuando veo algo que quiero, generalmente soy como una locomotora. Por otro lado, hay cosas que quiero de las cuales a veces me siento alejada, como trancada, como si tuviera que llegar a un lugar y no pudiera salir de mi c...

Tu pana el enchufado

Esta es nuestra triste realidad: todos conocemos un enchufado. Es decir una persona que se amarró al gobierno para hacer negocios millonarios e ilícitos. Lo más triste de todo es que la red de enchufados es tan grande, que no sólo todos conocemos un enchufado, sino que conocemos a más de uno y además todos tienen mayor o menor grado de enchufe, desde el que directamente tiene un puesto en el gobierno hasta el que hizo negocios con uno de estos seres. Sí, los hay que robaron hasta pasar de un modesto apartamento en el oeste de la ciudad, hasta llevar una vida en Miami que hace que las Kardashian parezcan carmelitas descalzas. El chavismo repartió tanto dinero que en Venezuela se vieron cosas absurdas e inenarrables, el whisky que se tomaba, la calidad y la cantidad, los carros que se manejaban, los aviones que llegaban a los aeropuertos privados, las casas que se construían. Desde la Hummer hasta el famoso caso del funcionario que bebió un Chateau Petrus de 17000 Euros en París com...