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Mostrando las entradas etiquetadas como Ciudad de la Furia

Resoluciones de año nuevo

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No soy mucho de las típicas resoluciones de año nuevo. Ya me he dado cuenta que ese “voy a comer mejor a partir de enero” no me funciona, y todavía tengo por ahí la factura del gimnasio al que nunca fui. Y sí, yo traté, pero la verdad a estas alturas de la vida, aunque sé que puedo organizar mejor ciertas cosas no creo que yo vaya a ser una persona más ordenada. En general mis resoluciones de año nuevo y la forma como planifico el año tienen que ver más bien con revisar mi filosofía de vida. Hace no mucho fui a una de estas clases de no sé qué disciplina que mezcla pilates, con tai-chi, con yoga, con meditación, con reiki, y el profesor lo primero que hizo fue pedirnos que nos paráramos con los pies juntos, manos a los lados, cabeza erguida y ojos cerrados y tratáramos de sentir como estaba el balance de nuestro cuerpo. Era un ejercicio de equilibrio, la idea era repetirlo al final de la clase para que vieras que ese balance estaba mucho mejor. Yo cerré los ojos. Comencé a...

Un país frente a la cara de Messi

No sigo el fútbol. Me importa un comino el Barca, el Real Madrid y el Boca Juniors. No sé quiénes están en segunda división, ni en tercera, ni que carajos va a hacer Blatter a partir de hoy. De la biografía de Messi sé lo poco que queda explayado por los medios de comunicación, desde Cancha Llena de La Nación hasta la revista Hola! Sé que luchó contra la adversidad, que su tamaño fue su gran obstáculo y más adelante su arma secreta. Que muchas veces tuvo que escuchar que jamás lograría ser un futbolista profesional, y que luego Argentina y España se lo pelearon para sus selecciones y él decidió quedarse con Argentina, dejando pasar la cantidad de ventajas que le ofrecía el país Europeo, incluso sabiendo que en aquella oportunidad tenía más chance de ganar con esa selección y que el ambiente para él era más amigable. Él hizo lo que creyó correcto, no lo que le convenía.  Yo me imagino que la vida del deportista debe ser tremendamente compleja. Claro, que a veces me parece que l...

Pueblo Fantasma

En día como hoy me pregunto ¿cuánto tiempo más podrá sostenerme El Ávila como motivo para quedarme? Tal vez haya muchos más, pero a medida que pasa el tiempo uno siente que cada vez son menos las razones para estar aquí. Las casas se venden, los muebles se guardan, los libros se donan y mucho de lo que sobra, no se usa o no cabe se bota. Y mientras tanto uno en la acera de enfrente viendo como tanta gente cierra las maletas y se va. Las puertas se cierran, los aviones despegan y nos vamos quedando solos. Esto ya es un pueblo fantasma. A veces me siento así, como un fantasma que ronda unas calles desoladas, llorando la muerte del país en que creí que iba a vivir. Fantasmas, zombies, como si fuera una película multigénero, drama, terror y algo de comedia porque insistimos en no parar de reírnos de lo que sea, mientras lo humano nos termina de abandonar. No sé qué estamos viviendo, ni cómo calificarlo. No sé si es un sistema político, si es la guerra, no sé si es el fin del mundo...

¿Qué irá a pasar?

Paso rato por la mañana mirando el techo y me cuesta decidir levantarme de la cama. No sé hacia dónde encaminar mis pasos, ni qué debo hacer. No sigo un orden de ideas y siento que mis metas no tienen sentido. Las cosas que normalmente hago me parecen frívolas, otras inútiles, algunas a destiempo, y pronto siento que me estoy borrando. Miro y escucho, espero en la distancia el rumor de alguna detonación. Según dicen se nos puede volver algo normal. Ciertamente ya no causa el mismo estupor de los primeros días, pero normal tampoco se puede decir que es. Es una costumbre extraña que no se puede definir. Entonces alargo la mano y busco el teléfono y desesperadamente hurgo en la pantalla táctil a ver si consigo alguna respuesta. No sé si intuyo que está pasando algo, si estoy esperando que pase algo, si tengo miedo que pase algo. Es una combinación de todo. ¿Qué irá a pasar? En lo político. En lo económico. En lo familiar. Mientras tanto la vida sigue. Vuelve a amanecer. Un día má...

¿Por qué voy a votar?

En estos días un amigo me decía que su sensación con las elecciones era la misma como con esas materias que raspabas en el colegio, y que luego tenías que reparar, y que después arrastrabas. Esa sensación de "esto ya lo vi". "Esto ya lo sé". Esta mañana lo recordé mientras escuchaba un llamado a los miembros de mesa a instalarlas en todas partes del país. Pensaba, esto ya me lo sé, esto ya lo he vivido, así como he vivido ya las horas que vienen. La incógnita, ¿habrá cola? ¿no habrá cola? La misma gente al llegar al centro de votación, los mismos testigos, incluso el mismo miembro del Plan República, las mismas ruedas de prensa, las mismas lecturas en las caras, ¿nervios? ¿felicidad? ¿angustia? ¿confianza? Las mismas llamadas, los mismos rumores, el mismo miedo, y al final siempre, la misma sensacón de impotencia, y la misma pregunta, ¿en otros países votar será así? Ya no sabemos ni lo que es normal. Aunque no. Retiro lo dicho. Creo que todavía sabe...