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Mostrando las entradas etiquetadas como Escribir

#MéxicoMágico

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Desde que llegué a México he estado tan a las carreras que me ha costado incluso ponerme al día con mi familia. Así que para estar al día con ellos y dejar una especie de bitácora de todo lo que me sucede opté por la opción del “Resumen Semanal”. Una vez por semana les mando un resumen de las cosas que han pasado en mi vida. En estos días mis hermanas estaban todas, pero guárdalo, pero es que el material que tienes ahí es como para un corto. Sí, claro, porque yo me imagino perfectamente una escena tipo Ben Stiller cuando el perro, cachorro, recién entregado, cagó la parte de atrás del carro. No hay nada como ir calle abajo y sentir que todo se impregna de un olor nauseabundo y que no puedes reprimir las ganas de vomitar, incluso con el vidrio abajo. ¿Lo único que te lo impide? La ligera consciencia de que ya que vas a tener que limpiar la mierda del perro mejor no añadir vómito al asunto. Si quieren tips sobre cómo sacar el olor de alguna alfombra o del carro no duden en escribirme. T...

La parte esencial del todo

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Gustave Klimt El momento en que Apolo besa a Dafne por última vez antes de que esta se converta en laurel, según la Metamorfosis de Ovidio. Dicen que tanto él como su pareja, Emile Floge posaron para el cuadro, pero no hay confirmación sobre ello. Es  una de las obras más conocidas del pintor austríaco, el apogeo de su "período dorado", entre 1908 y 1909. Es una mezcla de óleo con láminas de oro.  ¿Por qué el amor? No sé si se han hecho la pregunta o si –como yo- llevan años buscando la respuesta. A veces creo que tiene que ver con la crianza, con la sobreexposición aDisney o las telenovelas latinoamericanas. Somos una sociedad dramáticas. Otras veces, generalmente cuando llueve de madrugada y no puedo evitar la tentación de pararme de la cama, luego de un largo período viendo el techo y pensando, “¿qué estoy haciendo aquí?”, termino por darme cuenta que el amor es un motor cuyo engranaje no terminamos de descubrir, de entender.   Qué complejo es su mecanismo. Qu...

Soñadores que corren

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Hace unos ocho años me entró la fiebre de correr. Estaba en París sola y paseando llegué al lugar por donde pasaba el maratón. Ver a la gente corriendo me emocionó y al día siguiente, como Forrest Gump empecé a correr. Corría casi todos los días y pronto ya era más que unas ganas de hacer ejercicio. Corría escuchando música de gimnasio, música movida y en mi mente hacía unas películas tan elaboradas que no sé si lo que me gustaba era correr o estar un rato sola con mis fantasías. Cuando regresé a Caracas corría por las mañanas en el Parque del Este. Tenía la voluntad de pararme a las cinco y media de la mañana –un poco antes- para ponerme los zapatos y salir a hacer ejercicio, con una energía de animal sobrenatural, que hoy en día que he perdido el hábito y el empuje a veces dudo haber tenido, de no ser porque el recuerdo es tan vívido. Los corredores más fanáticos me pasaban por al lado. En grupo. Con sendos relojes y zapatos y atuendos. Yo iba a mi ritmo, con mi música, a ve...

Sobre lo que era el Miss Venezuela

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Bárbara Palacios cuando ganó en 1986. Y sigue siendo una de las mujeres más bellas del mundo. No sólo por su físico, sino por su inteligencia y su ética de trabajo. Cuando estaba chiquita una de las cosas que más me gustaba hacer en familia era ver certámenes de belleza. Vengo de una familia de muchas mujeres, por lo que era uno de esos momentos de despliegue total de hormonas.  En esa época los concursos eran larguísimos, y los veíamos completos, cada quien con sus favoritas, sus pronósticos, era de esos momentos de aquejare femenino que uno valora para siempre. Por supuesto yo jugué a ser Miss Universo, poniéndome los zarcillos de mi mamá en la cabeza y un cinturón como banda, hasta los nueve años más o menos. En un momento pensé que “y la paz mundial” era algo que en serio se iban a lanzar a buscar estas mujeres. Para mí era un tema de elección de amazonas, no de muñecas. Fue después que entendí que  el anuncio de shampoo y de carteras quitaba demasiado tiempo, m...

Está permitido volar

-imaginando una ciudad que no es- Sueño que dejo el carro estacionado en una de las avenidas de Los Palos Grandes. Pueden ser las once de la mañana, o las cuatro de la tarde. No me fijo. Creo que lo dejé abierto, pero qué importa, las probabilidades de que lo abran son pocas. Se pueden robar una pelota, una caja de analgésicos, unos recortes de periódico, una revista, ¡Ah! Y el último libro de Murakami. Eso sí me duele. No hace demasiado calor. De pronto una brisa. Me volteo. Un pedazo de Ávila. Carros que van. No se escuchan demasiadas cornetas. No hay tanto olor a monóxido de carbono, salvo cuando pasa un camión. A lo lejos una sirena. Un par de personas me pasan caminando. Dos mujeres. Van lento. Hablando despreocupadamente. Ese deje del acento venezolano en mi oreja, el tono de voz y la mirada de la interlocutora. No reparan en mí. Ni en nada de lo que sucede. La otra tiene una gesticulación tan teatral. Es un chisme seguro. Pienso en seguirlas, porque creo escuchar algo como ...

Los últimos días

Mi papá decía en el 2005 "aprovechen que estos son los últimos días buenos". Lo peor es que ya sentíamos que el país era algo que se ponía cada vez más extraño. Sin embargo, en ese entonces ser alarmista y pesimista no era bien visto. Teníamos mucho petróleo y Chávez todavía era cómico para una gran parte del mundo. La oposición podía jugar a esperar "las próximas elecciones", que no eran cada seis años, sino cada seis meses. O así se sentía. Cada vez que al caudillo le provocaba. Y empezaba esa rutina macabra de ver la ciudad cubierta de papeles, los medios de propaganda, las cadenas eternas, las amenazas y luego un domingo en el que uno caía agotado de madrugada esperando un milagro de Dios, porque ya habíamos aprendido que -salvo en una ocasión- de los venezolanos era poco lo que podíamos esperar. El mundo se acababa el lunes siguiente, y luego el martes seguíamos adelante, porque "no hay depresión en política".  Hoy en día no sabemos si son los úl...