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El que lucha desde lejos

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Angelika Kauffman, La tristeza de Telémaco, 1783, Metropolitan Museum of Art, New York Telémaco significa el que lucha desde lejos. Es el nombre que da Homero al hijo de Ulises que espera junto a Penélope el regreso de su padre. La espera de Telémaco, a pesar de estar colmada de desesperación, a la vez cobra sentido mientras lucha contra los pretendientes que quieren usurpar el trono de Ulises. El Telémaco es el nombre de un motovelero clandestino que llegó al puerto de La Guaira en Venezuela en 1950. Había zarpado desde Valle de Gran Rey en Canarias con 171 personas  a bordo que tuvieron que desafiar el horror del mar y estuvieron a punto de naufragar en medio de una tormenta. Entre los pasajeros había una mujer: Teresa García, hoy mejor conocida como La Dama del Telémaco. La historia de Teresa, como la de tantos inmigrantes, es una de lucha y sacrificio. En busca de sus sueños se lanzó a lo desconocido. El viaje casi le cuesta la vida, pero pudo llegar a Venezuel...

Los grandes olvidados de Dios

Esta mañana, como tantas otras, me llegó un tweet que me llenó bañada en lágrimas. Una chica me cuenta cómo su tía está en una etapa del cáncer de mama en la que casi nada se puede hacer por ella. Claro, que si algo aprendí mientras trabajé en el M.D. Anderson es que nadie te puede decir que no hay remedio, ni cuánto tiempo te queda. Aún así toda regla tiene una excepción. Esa excepción hoy en día se llama Venezuela.  Lo que no ha pasado, me temo, nunca lo vamos a llegar a entender. Yo no soy historiadora, pero cómo me hubiera gustado serlo. A mis casi cuarenta años me doy cuenta de que me equivoqué garrafalmente de profesión, o que al menos he debido culminar mis estudios de historia del arte porque un bachelor´s no es suficiente para llamarme historiadora. El caso es que desde hace más de un año me he dedicado a estudiar la historia de la Unión Soviética, de la Europa de la Guerra y la Posguerra y de los procesos totalitarios que protagonizaron los horrores más grandes del s...

Una mamá venezolana

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Cada vez son más los casos de venezolanos que vienen a vivir a México. En estos días llegaron unos buenos amigos. Sus hijos son amigos de los míos y cuando se lo dije a mi hija mayor me preguntó ¿Ellos se vienen por trabajo o se viene por Maduro? Todavía no dan por sentado que la gente se va de Venezuela por la situación política. Mientras vivimos allá jugábamos a La vida es bella. No porque yo crea que las burbujas son la mejor estrategia de crianza, sino porque la realidad de Venezuela es tan dura y tan compleja que me parece que la para la niñez son una necesidad y una urgencia. Y no me arrepiento, porque jamás han sentido que Venezuela es un lugar hostil, del que huimos, sino que sueñan con volver y piensan en él con amor. Así mi trabajo de mamá también implica desarrollarles el sentido de pertenencia. Ese es uno de los retos de una mamá venezolana. No quiero hablar de las mamás migrantes, emigrantes, de las que se quedaron. Sí, nuestras realidades, conte...

Dede lejos

En el último año y medio he llorado más veces en mi carro que en todo el resto de mi vida. Algunas veces ha sido por una mala pasada del Spotify. Porque suena una canción que me recuerda una calle, un momento de Caracas y no puedo evitar sentir que algo en mí se quiebra. Algo que no sé si voy a recuperar. Otras veces ha sido porque uno está tan solo. Tan solo. No es una soledad de falta de compañía. Es una soledad distinta. Esto de ser extranjero. De caminar distinto, hablar distinto, de depender de una explicación para todo. Sí, es un descubrimiento, una aventura y una oportunidad, pero es también una orfandad. No hay un día de la vida que no piense en mi casa. En la de mi mamá. Hay días que sólo añoro el olor de Caracas por la mañana, o antes de la lluvia. Hay días que sólo quisiera que fueran las cuatro de la mañana en La Castellana, porque a esa hora que los pájaros empiezan a hacer ruido. Extraño mis amigos. Mi familia. Extraño tanto que ya me he vuelto una profesional del ar...

Cómo Sobrevivir a Perro Paisajista

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Yo no he hecho nada. Homero. Es un Golden Retriever que llegó a nuestras vidas hace exactamente un año. Homero es el perro más dulce que he tenido desde que tuve mi primer perro a los quince años. El puede pasar del agua y de la comida con tal de que le hagas cariño. No le importa si tienes café caliente o vino en las manos, te lo garantizo que te lo va a echar encima si haces contacto visual, porque va a ir a forzar su cabeza entre tus manos para que lo acaricies. Sí, la culpa es mía, yo malcrío a los perros. Antes de que llegara Homero yo había arreglado el jardín. Nunca he sido de plantas, ni matas, ni me sé los nombres de los árboles, ni entiendo de huertos, de transplantados. Me encantan las flores, lo verde, pero no es lo mío. Soy demasiado dispersa para el cuidado que requieren algunas matas, lo confieso, pero estoy decidida a tratar. Una de las razones por las que hice un huertico y arreglé el jardín es que como a mis papás les encanta pues yo los sentía más cerquita....

Experiencias de una que odia el ejercicio

Para la rehabilitación de mi tobillo me mandaron a montar bicicleta o hacer elíptica. Soy una floja incurable. El ejercicio es mi karma. A mí todo tipo de esfuerzo físico me da una flojera tan grande que no tengo cómo ponerlo en palabras. Sólo me decido a ir hacer ejercicio cuando estoy en la playa, padeciendo las lonjas de la barriga, viendo a la mamá fitness al lado mío que hace tres horas diarias de gimnasio y mientras me aplico protector en mi estrujado cuerpo me prometo: cuando regrese a la casa me voy a poner a hacer ejercicio, ahora sí. Lo juro que sí. También me lo prometo en distintos probadores cuando la talla que creo que soy en mi cabeza no se ajusta a la realidad de mi culo del tamaño de Estados Unidos. Voy a correr. Voy a hacer yoga todos los días. Voy a ser esa chama que anda en lycras a las tres de la tarde y que hable el mundo lo que quiera. Mentiras.   A lo largo de los años he intentado de todo. He dejado inscripciones en gimnasios, piscinas (nadar es lo que...