Experiencias de una que odia el ejercicio
Para la rehabilitación de mi tobillo me mandaron a montar bicicleta o hacer elíptica. Soy una floja incurable. El ejercicio es mi karma. A mí todo tipo de esfuerzo físico me da una flojera tan grande que no tengo cómo ponerlo en palabras. Sólo me decido a ir hacer ejercicio cuando estoy en la playa, padeciendo las lonjas de la barriga, viendo a la mamá fitness al lado mío que hace tres horas diarias de gimnasio y mientras me aplico protector en mi estrujado cuerpo me prometo: cuando regrese a la casa me voy a poner a hacer ejercicio, ahora sí. Lo juro que sí. También me lo prometo en distintos probadores cuando la talla que creo que soy en mi cabeza no se ajusta a la realidad de mi culo del tamaño de Estados Unidos. Voy a correr. Voy a hacer yoga todos los días. Voy a ser esa chama que anda en lycras a las tres de la tarde y que hable el mundo lo que quiera. Mentiras. A lo largo de los años he intentado de todo. He dejado inscripciones en gimnasios, piscinas (nadar es lo que...