Lean los muros y los artículos. Qué nos pasó? Qué somos? Estoy harta del falso pacifismo. De los golpes de pecho de la gente que se declara buena. Las manos arriba, porque esto que nos pasó es culpa de otro. Y cada cosa que pasa, cada horror va en la cabeza de otro. Y mientras todo se va a la mierda, nos invitan a llorar algo que nunca tuvimos. Algo que nunca fuimos. Y más que a reaccionar nos invitan a adjudicarle la culpa a alguien. Chávez consumió todo. Enseñó la envidia y el resentimiento, la desconfianza. Quedan pocos capaces de hablar o redactar algo con mediana objetividad. Ya no compro más la paja del llanto por la paz de quien habla de renconciliación pero insulta a otros con ironía por pensar distinto. Aquí no hay un cambio porque la gente no quiere cambiar. Es mucho más cómodo mandar a los demás a que cambien y a final ds cuentas lavarse las manos con un simple "es que yo no soy político". Siento que ya no quepo aquí. La desilusión es demasiado grande.
Sobre las palabras de Lorenzo Mendoza
Es triste que las palabras de Lorenzo Mendoza en vez de llevarnos a una discusión sobre un fenómeno tan grave como es el de la emigración y el vacío que va dejando en el país, terminen abriendo un espacio para descalificar a una persona. Queda claro que hemos quedado incapacitados para analizar ideas, para escuchar y debatir contenido, para pensar de forma crítica entendiendo que eso no es lo mismo que descalificar. Algo tan doloroso y difícil como la emigración por supuesto tiene que abrir heridas. Es lógico que mucha gente se sienta abandonada, así como mucha gente se siente casi en orfandad cuando deja su país. Son más de un millón de personas las que se han ido. El vacío que ha quedado en Venezuela se siente en las universidades, en los hospitales, en las escuelas, pero sobre todo en las familias. ¿Cuánta gente tiene todos sus hijos fuera? ¿Quién no conoce a alguien que no llegó a enterrar a un familiar? Graduaciones. Aniversarios. Cumpleaños. Enfermedades. Rupturas. Hasta los...
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