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Reto: La Montaña Mágica

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Este post es parte de mi nuevo proyecto: El Perro Naranja. Lo pueden encontrar en la siguiente dirección: http://elperronaranja.tumblr.com/ Hace un año más o menos mi papá me preguntó algo sobre la Montaña Mágica de Thomas Mann. Lo siento. Fue mi respuesta. No sé. No lo he leído. Me salió regaño. ¿Cómo es posible que no hayas leído la Montaña Mágica de Thomas Mann? No sé. No sé cómo pasó. Pero la verdad es que ni siquiera la tenía en una lista, ni sabía muy bien por qué era un libro tan importante. De ahí en adelante he empezado a preguntar a mis amigos lectores sobre el libro. Quienes no lo hemos leído le tenemos algo de miedo, porque quienes lo han leído hablan la experiencia de forma contradictoria. Es maravilloso a la vez terrible, no lo puedes soltar, pero tampoco lo puedes terminar. Es decir, es placer puro y duro. Te lleva de un lado al otro. Te atrapa. Confieso que le tengo miedo a la Montaña Mágica. Lo he tenido durante año y medio allí esperándome. Reprochánd...

¡Vamos Maickel!

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Nunca he hecho este experimento por miedo al resultado que pueda encontrar, pero me gustaría hacer un conteo de cuántas noticias buenas trae la prensa en un día cualquiera. No me extrañaría que si uno deja de lado la cartelera de cine y las demás noticias culturales, seguramente hay muy poco de bueno en la prensa tanto nacional como internacional. No sé si será el agujero en la capa de ozono, si será la predicción del fin del mundo según los Mayas o si tenga que ver el hecho de que se hace más investigación en el área de cirugía plástica que en la búsqueda de la cura del cáncer. El hecho es que es a veces uno siente que el ser humano no puede ser más egoísta, más cínico, más inhumano que cualquier villano de historia fantástica. Uno ve tanta crueldad o peor, tanta indiferencia, que es imposible no sentirse desesperanzado y cuestionarse todo. No seré la única que se ha preguntado antes de dar a luz, “¿A qué clase de mundo voy a traer a mi hijo?” Pero uno, con su natu...

El Alter Ego de Lupita Ferrer

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Ella se monta en el metro con la cartera, una carpeta en la mano, el niño casi arrastrado con su lonchera que es más grande que él y una bolsa en la mano. Le dice “apúrate hijo, que ya estamos tarde. Camina bien por favor.” En la mente lleva un mapa mental de todo lo que tiene que hacer. Desde peluquería hasta la planificación del día de trabajo. La reunión con el jefe. Las llamadas a los clientes. Y el mercado. Siempre falta algo del mercado. Ella se monta en el carro. Amarra el niño a la silla. Le suena el teléfono. Hace un paneo de la calle como si la hubiera entrenado el mismísimo FBI. La leona de hoy en día protege a sus cachorros del depredador urbano por excelencia, el motorizado. Pasa el peligro. Prende el carro. Ajusta la radio. Estira la mano, alcanza la cartera y mientras esquiva a un loco en una camioneta que le tira su camastrón a todo el mundo, consigue una pintura de labios y se empieza a pintar. Recuerda el celular. Devuelve la llamada. El niño le pide que ponga ...

Para ser bella...hay que remover al canario de mi pelo

Nunca dejará de asombrarme el sufrimiento que las mujeres somos capaces de soportar cuando de belleza se trata. Que aún en esta era de operaciones de corazón por laparoscopia, las mujeres estemos poniéndonos cera caliente en el cuerpo para después arrancar el pelo, me hace llegar a la conclusión de que somos unos salvajes. Sin embargo, no es nada más la depilación lo que constituye una tortura para muchas de las que pertenecemos al sexo femenino. La celulitis, por ejemplo, es otra de esas pesadillas que nos ponen locas y nos hacen llegar a los extremos. Una amiga me llevó una vez a un centro de belleza. Me quitaron la ropa y me hicieron un examen. No lo pasé. “Tienes celulitis.” Me dijeron. Fue en tono de gravedad. Como cuando se da un diagnóstico fatal o se declara algo preocupante. “Pero se puede hacer algo.” Es decir, tienes salvación. No tienes por qué vivir con ese defecto encima. Me mandaron un tratamiento que al menos al principio no sonaba tan mal. Por supuesto...

Cerrada por inventario.

Estoy reorganizando mi vida. Escribiendo cosas que todavía no puedo publicar. Digamos que estoy cerrada por inventario. Reabriremos pronto.

El Título de Preescolar

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En un mundo que cada vez se vuelve más tecnológico y en el que el conocimiento se profundiza en todas las áreas subestimamos lo que se aprende en los primeros años de vida. Después de todo, a nadie le dan un título de Preescolar. Uno no sale del jardín de infancia con toga y birrete. No hay discurso, ni invitado especial y los padres sólo lloran si cuando dejan al niño este a su vez no hace un escándalo que le refuerce al progenitor la idea de que su hijo le quiere. Hoy en día hay más gente que termina el bachillerato o que saca un diploma técnico, que se especializa en tal y cual cosa, desde lo más académico, hasta lo más práctico. Se podría decir que ya ser carpintero no es nada más agarrar madera, martillo y clavos. El mundo se ha vuelto algo muy complejo. Nada de eso está mal. El problema es que mientras más elevados creemos que somos, más nos olvidamos de lo básico. Subestimamos aquello que nos enseñaron de pequeños, porque lo creemos ínfimo en comparación con nuestr...

¿Estás bien?

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Quienes tengan cierta edad recordarán, que el local que está al lado del Miga de Altamira en un momento dado fue un local nocturno llamado: Stage. Una noche fui a Stage con mi hermana y su esposo a ver a Emilio Lovera. Por supuesto la pasamos buenísimo. Nos reímos. Tomamos algo. Y a eso de la una de la mañana decidimos irnos. Para abandonar el local teníamos que bajar una escalera bastante empinada y oscura. Los escalones eran de madera, y tenía unas paredes de piedra, muy bonitas y bastante estrechas. Comenzamos a bajar y de repente fue como si hubiese surgido una versión previa del video del regaeton que dice “estás en falda y se te ve tóooo.” Bajé escalera por escalera de fundillo, directo hacia una señora, que iba con su marido muy elegante, muy con su vestido negro y sus tacones, y que al estar de espalda no pudo ver que yo venía cual pelota de bowling a llevármela por delante y tirarla al suelo. Sí. La vieja se pegó más duro que yo. Lo peor de todo no fue eso. ...