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¿Quién cuestiona, quién pregunta, quién reflexiona en serio?

Tomar posición ha pasado de moda. Los americanos tienen una expresión que me gusta mucho, “ monday morning quarterback ”. Como los juegos de football profesional son generalmente los domingos en la noche así le llaman a la persona que se levanta el día siguiente a decir que él lo hubiera hecho mejor. Vamos a estar claros, ese es el deporte por excelencia del ser humano, ponerse en los zapatos del otro pero no buscando un canal de empatía, sino para decir cómo seríamos una mejor versión de ellos mismos. Es el caso de articulistas, de analistas, de opinadores que tienen un oficio sumamente importante porque el nivel de debate nacional lo ponen ellos. Pero pareciera que hay miedo a debatir, miedo plantear, miedo a opinar con seriedad y a encarar a la persona con la que no se está de acuerdo. Pienso en Mario Vargas Llosa. Si algo le admiro a Don Mario, es que siempre ha sido un hombre férreo en sus ideas. Uno podrá estar en desacuerdo con él y hay quien le reconoce su mérito como escr...

Pacifismo radical

A veces pienso que el mundo no se lo cargan los extremistas violentos, sino los fanáticos del medio. Los que condenan todo y le buscan la justificación a cualquier barbarie. Porque para todo hay una excusa que lo libera a uno de tomar una posición. Porque incomoda y es más sencillo que las ideas. Pacifistas radicales, que no dicen nada, condenan todo y se aferran a una inocencia que pareciera a veces un acto de disociación. Y entonces llega el día en que sin darse cuenta defienden lo indefendible, y por darle tantos beneficios a la duda se desplaza la verdad, se le pone límites a la justicia, y lo que debería ser un derecho inalienable queda por debajo de las molestias que pueda causar a quien por la fuerza no entiende otra forma de vivir que imponiendo sus propias reglas. Porque la línea es más delgada de lo que se piensa y porque la verdadera paz, la verdadera tolerancia, esa que implica ver y escuchar no sólo lo que no te gusta sino lo que te ofende y te duele requiere coraje, templ...

Callar no es una opción

Los hechos de París no tienen sólo el matiz de venganza en contra de quienes profanaron una religión. Esto no es cuestión de credos, de egos u honores heridos, de resarcir daños y fijar un punto, mucho menos una idea. No era nada más llevarse por delante a unos tipos que le faltaron el respeto a un dios o que se burlaron de algo que para mucha gente era sagrado. Era simplemente sembrar el miedo. Terrorismo en su expresión más pura. El tirano del siglo XXI. Tal vez no nos damos cuenta, pero cuando decimos #JesuisCharlie no se trata nada más de levantar la voz por empatía con el pueblo francés, con el gremio de caricaturistas y escritores, con tipos como Salman Rushdie que tuvieron que esconderse de la ira de quienes se sintieron ofendidos por lo que dijo o lo que escribió, o peor aún lo que pensó o aún piensa. Con Michel Huellebeqc que también ha sido blanco de amenazas y cuya nueva novela es particularmente polémica. Esto se trata de matarnos a todos nosotros, tal vez no en el sentido...

Sin pedir nada a cambio

Finalmente llega el plato que tienes esperando más de cuarenta minutos. Te morías de hambre, querías tomarte algo, pero como estás con tus hijos tampoco es que te puedes meter en la botella, pero si te vuelves a servir antes de que te traigan la comida vas a terminar diciéndoles ¡quédate quieto! con palabras arrastradas. La típica orden del que no tiene ni idea, o esperanzas fútiles, porque después de varios años de práctica ya sabes que decirle a un niño ¡Quédate quieto! es como ir a la playa y decirle al mar, mira te podrías tranquilizar un rato para yo meterme, es que prefiero un plan tipo piscina pero me da asco el cloro. No sirve. Cuando por fin llega tu plato y estás saboreando el quinto o sexto bocado salen de la boca de tu querubín las palabras que hacen que las tetas se te metan de nuevo dentro de tu pecho: pipí. Entonces te tienes que parar, lidiar con un niño pequeño en un baño público, “no toques nada, no te sientes, no mires a la señora, no hagas ruido, apúrate”. El ...

Resoluciones de año nuevo

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No soy mucho de las típicas resoluciones de año nuevo. Ya me he dado cuenta que ese “voy a comer mejor a partir de enero” no me funciona, y todavía tengo por ahí la factura del gimnasio al que nunca fui. Y sí, yo traté, pero la verdad a estas alturas de la vida, aunque sé que puedo organizar mejor ciertas cosas no creo que yo vaya a ser una persona más ordenada. En general mis resoluciones de año nuevo y la forma como planifico el año tienen que ver más bien con revisar mi filosofía de vida. Hace no mucho fui a una de estas clases de no sé qué disciplina que mezcla pilates, con tai-chi, con yoga, con meditación, con reiki, y el profesor lo primero que hizo fue pedirnos que nos paráramos con los pies juntos, manos a los lados, cabeza erguida y ojos cerrados y tratáramos de sentir como estaba el balance de nuestro cuerpo. Era un ejercicio de equilibrio, la idea era repetirlo al final de la clase para que vieras que ese balance estaba mucho mejor. Yo cerré los ojos. Comencé a...