Cuando éramos indiferentes
No me puedo sentar a contar la cantidad de amigos que están tristes. Deprimidos. Que no quieren salir, que no están de ánimos para celebrar, que se están cuestionando si saco o no la navidad, que les parece que no deberían haber bazares, que no le pararon ni medio a la Miss Universo, ni siquiera al tan merecido MVP de Miguel Cabrera. Tengo amigos que están arrechos. Sí arrechos. Que les dices que hay una reunión vecinal y quieren ir, que les dices que se está hablando de una movilización y te dicen que dónde eso, que ellos van, que quieren que alguien les diga, que vamos a votar, que no quieren saber de gente que no vaya a votar. Tengo amigos que están hartos. Hartos de que venga un tipo con su guardaespaldas y lo atropelle, del panita que se robó una millonada en un guiso y ahora te habla de sus viajes como si nada, tengo amigos que no se quieren tomar el whisky con ese tipo, que le quieren cantar sus cosas, que le quieren decir de una forma u otra que a quienes robaron fueron a todo...