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Anoche soñé que te había pedido que me esperaras. Pasadas las doce sonó el timbre. Alguien vino a decirme que estaba listo el almuerzo y que tú esperabas abajo. Yo me asomé a la ventana y no te vi. Las palomas murmuraron algo y salieron volando. La casa flotaba sobre fuego, se  intuía por el calor que nos hacía sudar de vez en cuando, como si las llamas tomaran turnos cada cierto tiempo para venir a lamernos, a torturarnos, a dejarnos la piel trastornada de sed.   Entonces me di cuenta que no habías esperado. No quería que entraras en medio de aquel fuego, con tu presencia que todo lo inunda. Con tus ojos profundos de mar infinito, que siempre vienen con una falsa calma, pero siempre esperando un descuido para lanzar una ola que algún día me va a arrollar. Esa vida marina de tus ojos. Esos peces coloridos, esos monstruos espantosos, esa isla desierta en tu pupila que una vez quise poblar. Entonces sentí que brotaba arena de mis labi...

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Anoche. Anoche no sé qué soñé. Me desperté bañada en sudor. La sábana empapada, enroscada a lo largo de mi cuerpo, como si hubiese estado intentando tapar mi desnudez por pudor con Morfeo. Busqué en la mesa de noche algo como un ancla, una señal de que había llegado a tierra firme, con la angustia de no saber a dónde, ni cuándo, ni cómo había sido el viaje. Todo estaba intacto. La lámpara, el vaso de agua, el libro con su marca páginas en la misma hoja en que anoche había dejado una historia sobre un aviador que busca sin cesar un náufrago y no lo encuentra. La cortina estaba abierta, dejando que mi cuarto se bañara de una luz fosforescente. Los pájaros proclamaban también la mañana. Me pregunté si ellos habrían soñado. Si ellos sabrían de mi sueños. Si tal vez, alguno de ellos habría estado en mis sueños. Abrí la gaveta de la mesa de noche. Saqué un cuaderno y empecé a recorrer viejos sueños. Allí estaban todos. Los dolorosos. Los aterrador...

Instrucciones para hacer café

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Esas pequeñas tareas cotidianas que pueden más que yo.  1 .      Si está durmiendo acompañado, la noche antes usted anuncia: no me hables hasta que no me haya tomado mi café. No me mires. No determines mi existencia, ni reconozcas mi presencia. Voy a dormir y a dejar el mundo un rato. Hasta que no haya tomado mi primer café del día no he regresado. 2.      Usted se levanta y sueña con su café. Si no ha salido el sol el sueño es apasionado, si el sol ya salió el sueño es un tanto agitado tal vez uno de esos recurrentes que se repite casi todos los días, si usted se acostó tarde o se está levantando tarde entonces es una pesadilla. Sea como sea usted tiene que soñar con el café, el sonido, el aroma, ese primer golpe sobre la lengua, esa sensación mientras baja la bebida caliente hacia el estómago, los pensamientos que se van calmando “respira, ya está el café adentro, sí vas a poder”, y luego ese brotar de la ener...

Historias de avión

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Si ustedes creen que en los restaurantes hay historias. Ni hablar en los aviones. Yo siempre pienso en las historias de los aviones. Porque todo viaje tiene una historia. Una historia importante. Siempre pienso en los que van de luna de miel. Con sus maletas nuevas, con la ropa que van a estrenar, el conjuntico sexy que ella se compró para lucirle, o que le regalaron en una despedida de soltera, tal vez una abuela, que hace de todo una especie de pesadilla Freudiana y es tan raro, pero raro, que puede tener por seguro que si la niña no tiene ganas por cualquier motivo lo único que tendrá que hacer es decirle, ¿te gusta? Me lo regaló tu Tata. Pienso que tal vez hay nervios por más de una y todas las expectativas de alcoba, porque aunque no era virgen siempre hay expectativas, porque es una luna de miel. Es ir fuera del planeta a un satélite de fantasía al que no le llega ningún telescopio. Pienso los últimos adioses antes de montarse en el avión, en los padres tri...