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Paciente sin Paciencia

Escoger un médico no es algo que uno se tome a la ligera. Generalmente uno escoge su médico porque “alguien” te lo recomendó. El internista que vio a tu abuelita, el gastro que le curó la acidez a tu jefe, el cirujano famosísimo que no es de los que deja una teta apuntando hacia a una oreja y la otra hacia el ombligo. Sin embargo, en la mayoría de los casos los médicos tienen una reputación, y es en base a ella que hacen su clientela. Fulano el Obstetra por excelencia, Mengano el Dios de la Columna Vertebral, Sutano el Cardiólogo que si no te salvó era que en la planta del pie tenías la fecha de expiración. Son los propios médicos que siempre que los necesitas te responde una secretaria que ejerce su poder. Si le caes bien te abre un huequito y a lo mejor hasta te pasa de primera, pero si le caes gordo, si le molesta tu voz, o si tuviste la desgracia de llamar justo cuando se iba a tomar su cafecito, entonces te pone voz de empleado público y te dice: - Para el miércol...

El Enrollado

¿Cuántos enrollados no conocemos? Gente que casi podría decir al presentarse: Hola, mucho gusto, me llamo Carlos, soy complicado de profesión. Ciertamente todos tenemos nuestros rollos. Hay gente que le enrolla no tomar café por la mañana, no cambiar las sábanas una vez por semana. Hay gente que colapsa si no se puede bañar con agua caliente. Hay miles de pequeñas cosas que le pueden amargar la existencia a uno y todas las tenemos, por más sangre liviana que nos declaremos, pero eso también es parte de la personalidad, y de la costumbre de vivir en un mundo en el que cada quién establece ciertas rutinas necesarias para llevara a cabo el día a día. Lo que me parece grave es la gente a la que hay que tratar con pinza porque cualquier cosa que le digas los manda a un mundo interno de conflictos, se molestan, se amargan y se acuestan por la noche con un culpable en mente por su malestar estomacal y ese culpable tiene tu cara. No puedes decir ciertas cosas porque se ofenden...

Limpieza General de Mi Cerebro

La luz era como de medio día. Yo subía las escaleras mecánicas de un centro comercial. Tenía que comprar algo pero no recuerdo qué. Estaba con esa urgencia que uno tiene en los centros comerciales, uno siempre está buscando algo, es raro ir solamente a pasear. La escalera terminó y empecé a caminar, girando hacia mi derecha por un pasillo. El piso era gris, brillante, podía ver mi reflejo en las lozas de un material que no puedo nombrar. Y de repente allí estaba. Como en una especie de café. Las mesas eran redondas y grandes, los asientos eran de cuero rojo y estaban como empotrados a la pared. Sus manos estaban sobre los hombros desnudos de una mujer de pelo rubio, y los frotaban como si fueran una especie de genio maravilloso. La mujer tenía puesta una especie de toalla blanca, como si acabara de salir del baño. ¿Qué hace así vestida aquí? Pensé yo. Esa mujer está loca. Y él está todavía peor. Y claro que estaba peor. No me saludó. Me ignoró. Como si yo no fuera nadi...

¿Quién ganó?

Ayer, mientras los rectores del CNE caminaban hacia sus sillas me sentía con orcas y tiburones blancos, no en la barriga, sino está vez hasta los capilares. Llámame Verónica Castro, me provocó decir, esta campurusa novelera se va a desmayar. Le leía la cara, el tono de voz, las palabras iniciales, termina de dar los resultados pues, provocaba gritarle, ya sabemos que somos electores y electoras, ya a estas alturas nos han ofendido mucho más a las mujeres que por el simple hecho de nombrar todo sustantivo femenino aprobado por la RAE. Cuando todo terminó me quedé en neutro. Me quedé así como si hubieran anunciado que ganó el Miss Universo la representante de República. Sí, República, pero ¿cuál? ¿Checa? ¿Del Congo? ¿Bolivariana? Tardé unos minutos para entender. Tomando en cuenta el ventajismo, la arbitrariedad, la manipulación de la ley, de la constitución, de los recursos del estado. Tomando en cuenta una Mesa de la Unidad que costó Dios y su ayuda armar y mantener, qu...

Personajes que Votan

Cada quien tiene sus razones para votar, según su personalidad o su realidad. A veces votar es mucho más una cuestión de vida que una cuestión de política. - El idealista: Vota porque cree en Venezuela. - El enamorado: Vota para decírselo a su adorado tormento, para escribirle. "Mi gran cuchuchurro, mi cochapechocha, ya voté." - El deprimido: Vota para desahogarse con los demás que están en cola. - El sometido: Vota para que la Cuaima no lo bote por tres noches de la casa. - El mameco: Vota porque su mamá dice que vote. - El jalabola: Vota para contárselo al jefe al día siguiente. - El buzo: Vota porque hay una chama que siempre es testigo en su centro y tiene unas tetotas. - La vieja: Vota para sacarle provecho a las arrugas haciendo la cola de la tercera edad. - El chamo: Vota porque acaba de cumplir los 18 y se siente importante. - El esposo echa carro: Vota para no tener que cuidar a los chamos. - La embarazada: Vota porque gracias a la barriga no hace cola. - La chismosa...

La novia mal pegada de Venezuela

Así me siento con mi país: Yo soy la chama. La chama enamorada, mal pegada, casi obsesiva, que está todo el tiempo pendiente del tipo. Se convenció de que no puede vivir sin él y es capaz de sacrificar casi cualquier cosa, porque está convencida de que ese tipo es el hombre de su vida. El tipo me trata como una mierda. Nunca llama. No aparece. Cuando aparece embarca. Anda con otras, pero flagrantemente y con el mayor descaro. Es maleducado, no tiene detalles, no es cariñoso, sino todo lo contrario. Un golpe y otro, y otro y otro. De verdad que la vida con él es un infierno. Sólo que de vez en cuando es capaz de desatar un encanto tal, una forma tan suya de hacer las cosas que me tiene ahí pegada y enamorada. Es un galán. Un bellito de los peores, de esos que despliegan un brillo que cuando sonríen no les ves el colmillo. Cuando se porta mal trae flores, me lleva a ver la película que yo quiero, me hace cariñito en el pelo, me agarra de la mano y pasa un par de semanas en las que no ti...

Un Blackberry que Viva por Ti

Un resplandor azul le ilumina la cara al que está sentado del otro lado de la mesa. El menú sobre el plato esperando a que lo levanten, su cabeza inclinada, su mirada perdida en la pantalla, como si fuese la bola de cristal que en cualquier momento le anuncia que algún día se gana el loto, los pulgares clickeando furiosos, tecla tras tecla tras tecla, como si de adentro del aparato fuesen a salir una cantidad de insectos que si no se detienen, acaban con la humanidad. Miras a tu alrededor. Hay más idiotas como tú, que miran su menú o estudian el decorado del techo mientras su supuesto interlocutor salva al mundo a través de la pantalla de su Blackberry. Luego hay mesas en las que todo el mundo está en el mismo plan. Ya lo dudas. ¿Será que se están hablando entre sí a través del aparato? No parece. En una mesa uno se ríe, el otro tiene cara seria, y el tercero más bien parece reflexivo, como si estuviera ayudando a alguien con un problema. De repente tu compañero levanta las cejas y sus...