Paciente sin Paciencia
Escoger un médico no es algo que uno se tome a la ligera. Generalmente uno escoge su médico porque “alguien” te lo recomendó. El internista que vio a tu abuelita, el gastro que le curó la acidez a tu jefe, el cirujano famosísimo que no es de los que deja una teta apuntando hacia a una oreja y la otra hacia el ombligo. Sin embargo, en la mayoría de los casos los médicos tienen una reputación, y es en base a ella que hacen su clientela. Fulano el Obstetra por excelencia, Mengano el Dios de la Columna Vertebral, Sutano el Cardiólogo que si no te salvó era que en la planta del pie tenías la fecha de expiración. Son los propios médicos que siempre que los necesitas te responde una secretaria que ejerce su poder. Si le caes bien te abre un huequito y a lo mejor hasta te pasa de primera, pero si le caes gordo, si le molesta tu voz, o si tuviste la desgracia de llamar justo cuando se iba a tomar su cafecito, entonces te pone voz de empleado público y te dice: - Para el miércol...